*Los interminables escalones separan a los visitantes de uno de los paisajes naturales más impresionantes del Pueblo Mágico de Coatepec: una cascada oculta entre helechos gigantes, árboles centenarios y el murmullo permanente del agua
Carolina Miranda
Coatepec, Ver.- A lo lejos se escucha el sonido inconfundible del agua precipitándose a una gran altura y golpeando las rocas.
Ese sonido que a veces parece un rugido de la naturaleza y en otros momentos un murmullo es la recompensa para aquellos que se aventuran a las entrañas de un bosque de niebla en Coatepec.
Los verdes árboles y los helechos arborescentes que acompañan una escalinata de más de mil escalones son el agotador preludio de un lugar que sobrepasa el entendimiento de la naturaleza: la Cascada La Granada, una caída de agua en una oquedad natural rodeada de rocas y poderosos árboles.
El agua que alimenta la caída proviene de corrientes nacidas en las montañas de la región central de Veracruz, vinculadas a las cuencas que descienden desde las faldas del Cofre de Perote, pero para llegar a ella es necesaria una larga travesía.
A escasos cinco kilómetros del Pueblo Mágico de Coatepec, en una comunidad llamada El Capotal, inicia una aventura de senderismo y contacto total con el ecosistema.
La travesía nos permite acercarnos a los helechos, orquídeas silvestres, bromelias y musgos, pero también a colibríes, carpinteros, ardillas, tlacuaches y conejos silvestres.
Extenuante sí, pero satisfactoria, la caminata y el subir uno y otro de los más de mil escalones, cuya característica ha generado que la población cercana haya bautizado popularmente al lugar como “Cascada de los Mil Escalones”.
Al final del descenso, La Granada aparece de golpe.
El agua se desploma desde decenas de metros de altura hacia una profunda hondonada cubierta de vegetación, donde el estruendo de la caída rebota en las paredes de roca y se mezcla con el canto de las aves.
Frente a la cascada, el cansancio acumulado durante la caminata desaparece por unos instantes: la humedad refresca el ambiente, las gotas suspendidas en el aire forman una fina bruma y el verde intenso del bosque de niebla envuelve cada rincón.
No hay fotografías ni videos capaces de transmitir la magnitud del paisaje ni la sensación de pequeñez que provoca contemplarlo desde el fondo de la barranca.








